viernes, 17 de noviembre de 2017

BIBLIOTECA ELENA FORTÚN DE MADRID. HOMENAJE A XOSÉ AZAR


Reproduzco a continuación mi intervención en el Homenaje al poeta y escultor Xosé Azar el 16 de noviembre de 2017, en el aniversario de su fallecimiento, organizado por la "Tertulia Arco Poético".

Buenas tardes y muchas gracias por estar aquí. Agradezco a todos los responsables y participantes en este acto, a Pepa Nieto, a Carmen, viuda de Pepe Casal, a Elena, que fue su editora, en fin a esta Biblioteca, que hayan contado conmigo para acompañarles en este Homenaje, que me hayan permitido componer estas 

PALABRAS PARA XOSÉ AZAR:

Este santiagués de Compostela. Poeta y filósofo. Especialista en Rosalía de Castro, sobre la que escribió su Rosalía erótica y existencial. Escultor también, discípulo del cambadés Asorey. Buscador de la totalidad. Caminante de las cumbres. Hay un vino  que se llama “Cumbres de Gredos”. Él lo probó. Hombre que gustaba de metamorfosearse en chivo de blanca barba para conocerse mejor a sí mismo. Místico impenitente de profunda mirada azul, embriagado a discreción de Santa Teresa y de San Juan de la Cruz. Hechicero del corazón de las tinieblas. Mago iniciático de lo sagrado. Grande y extraordinario no obstante su menuda apariencia. Mientras los demás arrastrábamos los pies él caminaba con botas de siete leguas. Así que pequeño ángel de prodigiosa envergadura cuando extendía sus alas. Sabéis de lo que hablo quienes le conocisteis.

Un día se presentó en mi vida para confiarme que era escultor y que era su deseo hacer una exposición. No le creí, su apariencia enjuta obnubilaba mi entendimiento. ¿Cómo iba ese pequeño ser etéreo que había brotado ante mis ojos como la seta de un cuento infantil a luchar contra la dura materia de las formas? Luchar tal vez, ¿pero a brazo partido? Le pedí una prueba, como los reyes de los cuentos populares cuando exigían un capricho imposible a los pretendientes de sus hijas antes de cortarles la cabeza. Pero él cumplió. Como regresando de un largo viaje, se materializó de nuevo ante mi vista saliendo otra vez de su lámpara maravillosa, como tenía por costumbre, y me demostró su fortaleza. Y realizó su exposición, a la que puso por título Saudade. Y fue feliz. Por entonces me escribió, entre otras, estas palabras: “Ayer fue un día maravilloso para mí. Ha sido lo mejor que me ha sucedido en mis aventuras con la escultura. Entre tú y yo se ha establecido una amistad que queda ya para siempre. Nos unen los afanes literarios, además del afecto”. (Él, por aquel entonces, ya se había enterado de que yo escribía y se las arregló para leerme).

La escultura de Xosé Azar, o de Pepe Casal, como queráis, era/es delicada, lírica, como poema escultural. Yo me atreví a calificarla como espiritual, en ella los pesados bronces aparentaban la liviandad de la levitación. Era dulce, femenina a la par que masculina, de formas redondeadas, como olas que en su curvatura fueran penetradas de pronto por crestas de espuma. Y es que Xosé Azar defendía, en todas las manifestaciones de la vida, la imbricación inseparable de lo masculino y de lo femenino, la dualidad de todo lo existente en el Universo. A su manera, tanto escultórica como literaria, ofrecía su particular interpretación del yin y del yang, de las dos fuerzas fundamentales opuestas y complementarias que se encuentran en todas las cosas.  Por eso, en sus análisis literarios late siempre el debate de lo masculino/femenino, de la homosexualidad y la bisexualidad. Era uno de sus temas preferidos, y le inquietaba profundamente. Pepe habría sido un aventajado alumno de Kinsey, el del informe; y también de Freud, el de los sueños. Su sinceridad y honradez le avalaban. Y tampoco tenía pelos en la lengua, y si alguna vez los tuvo ya había superado esa fase.

Él un día escribió un correo al director de la Revista de Filología Española. No  empezaba diciendo, como El Buscón de Quevedo, “Yo, señor, soy de Segovia”, pero su estilo era parecido, pues principiaba: “Yo soy poeta y doctor en Filosofía, y desde esta disciplina he hallado un nuevo sistema de análisis poético”. Así condensaba todos sus desvelos de más de veinte años de trabajo en soledad y aislamiento, los que empleó en alumbrar su método “Poética formal”, ideado para el estudio de los poemas y los dramas, y también de las novelas y las películas. Un sistema novedoso que por primera vez analizaba la forma de manera sistemática. En un poema o drama, según él, podían darse hasta diez categorías formales, separables en tres grupos: la armonía o síntesis, con tres posibilidades (contrasentido, consentido y disentido); la melodía o adición, con otras tres posibilidades (sosentido, resentido y sinsentido); y un tercer grupo al que llama imaginario, con cuatro formas (insentido, antesentido, entresentido y trasentido).

Con este método analizó algunos cuentos míos, que encontró idóneos para explicarlo, cuentos que él encontraba vanguardistas y poéticos y que le apasionaron hasta el punto de que se convirtió en un estudioso de mi obra, más bien de esa parte de mi obra que le gustaba hasta el entusiasmo; el resto de mi producción literaria sin embargo no le interesaba, y lo decía sin ambages, él tenía muy claro el camino que como escritor yo debía seguir, y de vez en cuando se atrevía a indicármelo; pero con esos cuentos de su preferencia gozaba hasta lo indecible, y luchó por dar conferencias para, gracias a ellos, al desmenuzarlos, demostrar su método de Poética formal; también quería publicarlos junto a su método en alguna revista especializada en filología. Pero al no obtener la ayuda deseada no pudo cumplir su deseo, lo que le entristeció bastante.

Y en ese trasiego de conversaciones y cartas electrónicas, de pronto enfermó y cuando me quise dar cuenta había fallecido. Una noticia que me afectó profunda y doblemente, pues al dolor de la pérdida se añadió en mi caso el hecho de que me había quedado de golpe y porrazo de la muerte sin mi estudioso. Un caso extraordinario para mí el de haber puesto el destino a mi disposición a este crítico tan riguroso y entregado, tan distinto del comentarista casual y complaciente que todos hemos tenido en alguna ocasión.

Hay veces que no me puedo creer que nos haya abandonado, si es que en realidad lo ha hecho, sobre todo cuando encuentro aún en mis agendas sus datos de contacto, su teléfono o la dirección de su correo electrónico. Como el otro día, en que me metí en un bar que hay en Madrid al que voy de cuando en cuando que se llama “La Gloria”, y que tiene un jamón en la barra con la pata hacia la parte del público en la que se puede colgar si fuese preciso la chaqueta o el paraguas. Me hace mucha gracia que alguien, estando allí, me llame por teléfono y que yo pueda entonces responderle, con toda propiedad, que estoy en la gloria. Bueno, pues esa tarde, trasteando en mi teléfono descubrí entre mis contactos el de Pepe y me dieron ganas de llamarle, pero no me atreví, porque ¿y si le daba por contestarme para decirme que él también estaba en la Gloria pero en la de verdad? No me extrañaría que lo hubiera hecho, eterno como es.

Xosé, además de poemas, escribía cuentos, y una vez me envió uno muy profundo que me dedicó, titulado “El dinosaurio”. Aunque para mi gusto, lo mejor de su producción literaria es su poesía. Por eso quiero terminar esta breve semblanza suya con la lectura de un poema que me envió en una ocasión y que da una idea inmejorable de su carácter y de su talento.

Para ello debo subir a las cumbres de Gredos.

El poema entonces no tenía título, si bien ahora está incluido en su libro Eros y espíritu con el de Posesión.

Dice así:

Emergió como macho cabrío

monstruo brillante

brotado de las rocas

majestuosas, lentas.

Asombrando el paisaje,

un águila en el cielo.

Me condujo a los más altos picachos.

Yo, sumiso, le seguía.

“Ven por aquí, mira”

y se veían los pueblos del mundo

más allá de las montañas.

“Ahora, por aquí”

y, entre enormes escombros pétreos

entrejuntados sobre abismos

llegamos a una altura, la más alta.

Allí el viento gritaba.

Cuando bajábamos temblaba,

había estado con él

en lo alto ante la nada.

 

“Ven ahora por aquí”

y mi cuerpo convulso


se olvidaba del rígido esqueleto,


se ajustaba a las piedras.


Una roca emergió entre peñascos,


El viento, hostil, silbaba.


Paisaje invernal en agosto;


Alrededor, sólo roca amontonada.




En un resquicio,


una flor roja,


la única.


Estábamos solos,


ni un pájaro, sólo el viento.


Se la ofrecí.




En el ara más alta de la más alta montaña


mientras el cielo formaba alrededor


una diadema de blancas nubes


me poseyó, tembloroso me entregué.


Las montañas se movían


como si una tempestad las agitase.


¡Piedras que os mofáis de toda cordura,


con sombrero, ingentes al azar…!


No tenía entradas, mas él me las halló.




Conoce todas las trochas,

acaricia enigmas,

que vuelan tras las peñas.

La montaña se asoma tras él.

Yo, que tiritaba,

a su lado me caliento.

 

Pero un día bajé limpiamente las pétreas gradas.

Bosque de piedra, rocas más altas que nubes,

peñas de musgo colgante, lóbregas cabras

paciendo entre abismos,

ahí os quedáis.

Ojo sin párpado,

sin sol, adiós”.

 

Muchas gracias.

 

Ramón Jiménez Pérez

miércoles, 15 de noviembre de 2017

HOMENAJE A XOSÉ AZAR

Mañana intervendré en este acto de homenaje al que fuera mi amigo Xosé Azar, gran poeta y escultor.
Tertulia Poética
Biblioteca Retiro “Elena Fortún”- C/ Dr. Esquerdo 189
Tel. 91 5019146 - bib.retiro@madrid.org
 
 




“Tertulia Arco Poético”
 
Día: 16 de noviembre de 2017 
Hora: 19:30
Lugar: Biblioteca Retiro “Elena Fortún”
Homenaje al poeta y escultor  Xosé Azar
en el aniversario de su fallecimiento
Intervendrán: Su viuda Carmen Lorente Valero,
la editora Elena Diez de la Cortina,
Ramón Jiménez Pérez, coordinador de actividades culturales de la Delegación de la Xunta en Madrid/Casa de Galicia
y Pepa Nieto
 
 

domingo, 8 de octubre de 2017

PETROGLIFOS DE LOS INDIOS SHOSHONES

En el Estado de Wyoming, a unos 20 ó 30 kilómetros de Dubois, cerca de la reserva de los indios shoshones, disfruté como un arqueólogo en miniatura con el descubrimiento de los numerosos petroglifos dibujados en las rocas de algunas de las montañas que marcan con sus cicatrices los vastos paisajes. Habría permanecido más tiempo allí si no hubiera sido por la imponente soledad y el miedo a los osos y a las serpientes, que no vi pero que presentí. Quienes sí se hicieron excesivamente presentes fueron unos mosquitos de lo más venenosos, que si a mí no me atacaron sí se ensañaron con L, que permanecía en el camino, cerca del coche, atenta a mi exploración.
Os ofrezco aquí una muestra. 
 

Paisaje en las inmediaciones de los petroglifos indios
Petroglifos

Petroglifo shoshone
petroglifo shoshone



Petroglifo shoshone


Camino a Dubois

martes, 5 de septiembre de 2017

LA TORRE DEL DIABLO





Al noreste de Wyoming, cerca de la frontera con Dakota del Sur, se encuentra la Devils Tower (La Torre del Diablo), una imponente y original formación rocosa declarada monumento nacional. Todos los años hay una concentración de moteros en Dakota del Sur y algunos de los muchos (este año fueron medio millón) que hacia allí se dirigen en sus Harley Davidson hacen un desvío para visitar esta "torre". Yo también me desvié en mi viaje hasta Wyoming para admirarla. Desde allí, en la foto, os saludo.

Con Keith y Maynard




 
 

martes, 20 de junio de 2017

EN EL FONDO DEL MAR


 
Uno de mis últimos cuadros de "origami literario", en este caso bastante literal. Lo he titulado "En el fondo del mar", aunque podría llamarse también "Negros horizontes"; sí, creo que éste sería un buen subtítulo.

jueves, 1 de junio de 2017

BIBLIOTECA MARIO VARGAS LLOSA DE MADRID. FOTOS DE MI PRESENTACIÓN LITERARIA





Un recuerdo de mi presentación en la Sala de Cristal de la Biblioteca Mario Vargas Llosa de Madrid. En la primera foto, con la poeta Gloria Díez, quien me presentó; y en la última mi cuadro de origami "El mono de la mano en el pecho" (homenaje a El Greco), al que saqué de paseo esa tarde a fin de que presidiera el acto, pues le tengo una gran estima, más que a muchos solemnes retratos oficiales. A su lado, un modelo de Katryn Sumakov titulado "mandala", plegado por mí, que consiste en 128 piezas de papel ensambladas, sin pegamento alguno, que giran interminablemente como un caleidoscopio de colores, y con el que público jugó un rato.

domingo, 28 de mayo de 2017

INMORTAL AMOR MORTAL. DE LA CENIZA, LA MÁSCARA. MI PRESENTACIÓN EN CASA SEFARAD


INMORTAL AMOR MORTAL. DE LA CENIZA, LA MÁSCARA.

 

Buenas tardes, mi intervención se titula “Pensamientos deshilachados” y empieza con una canción de Luis Aguilé, “La fuerza del amor”, que tenía un estribillo que decía “Y es que el amor, que tiene tanta fuerza, se lleva por delante todo sin pensar”.

Pues bien, esta era una famosa canción de Luis Aguilé, a quien tuve el gusto de conocer hace unos años, poco antes de morir. Nadie podía decirme, cuando en mi adolescencia sonaban estas canciones suyas con enorme éxito que algún día iba a venir yo aquí para hablar en contra del amor que él cantó, es decir del amor romántico, una entelequia que sólo se sostiene como tal fantasía o deseo que es.

El problema no es el sentimiento, que nadie puede negar, sino la palabra con la que se expresa. Esto lo intuyó muy bien Raymond Carver en aquel libro de cuentos que tituló “De qué hablamos cuando hablamos de amor”. Me explico: el problema son las palabras, siempre las palabras, tan esquivas, tan sutiles, tan engañosas, sobre todo en este tema, que tantas discusiones provocan.  Por ejemplo, si yo hubiese empezado mi discurso con un “queridos amigos” sin añadir a continuación “queridas amigas” ya habríamos tenido un problema. Como no he dicho nada al respecto, pues no lo ha habido, y no es que no os aprecie, sino todo lo contrario, pero esto sí lo puedo decir. Cuando en el futuro nos comuniquemos directamente con el pensamiento será mucho mejor. Qué razón tenían Allan y Bárbara en su célebre libro “Por qué los hombres quieren sexo y las mujeres necesitan amor”, al señalar que en realidad los hombres no están hechos para las mujeres ni las mujeres para los hombres, tan diferentes somos. Que hay algo que falla.

Pero nos seguimos empeñando en llamar amor al instinto, como en el título de este libro que ahora presentamos, aunque este mismo título creo que es deliberadamente equívoco y se reserva todas las posibilidades. Hay quien dice que el Amor es una lámpara de inagotable aceite, como Jaime Sabines en su precioso poema “Los amorosos”. Las estadísticas, sin embargo, dicen lo contrario, que el aceite se acaba, como la longaniza antes que los días. Y tantas otras preguntas que cabría hacerse: por ejemplo, al parecer el 50% de las personas tienen fantasías sexuales cada 5 minutos aproximadamente, ¿son quizá estas fruto del amor?, ¿y qué decís de los cuidados que prodiga un cuervo, el ave más inteligente de todas, a sus hijos?, ¿son o no son amor? Y en la sociedad de los elefantes, a los que su proverbial memoria exime de ese olvido que según otra canción es la distancia para los humanos, ¿cómo veis que a cada cría la cuiden entre dos elefantas, la madre y otra? ¿Eso qué es?

Y los elefantes me llevan a África. En un viaje inolvidable que hice hace tiempo a Costa de Marfil, fui testigo de cómo una mujer se quejaba amargamente a su hermano de su marido. Decía de él que era un egoísta porque no cogía a otra mujer pudiendo hacerlo, desde el punto de vista económico. Y así, sin otra mujer que la ayudara, todo el trabajo recaía sobre ella. ¿No es ésta una prueba de que el amor es un invento burgués, es decir de que nos permitimos el lujo del amor cuando las necesidades básicas están cubiertas? Pero todavía hay quien dice: “Contigo, pan y cebolla”. No, amigos y amigas, tranquilos y tranquilas, “ello” no es así. Pero esto es como las religiones, que deben respetarse todas, pero luego buscarse cada uno el cielo como quiera. Había una vez uno que decía: “Yo voy al médico y compro las medicinas que me receta porque tiene que vivir, pero luego no me las tomo porque yo también tengo que vivir”. Había también una chica de pueblo perdidamente enamorada de un campesino al que dejó por un guardia civil, o sea por un funcionario. ¿Estamos de acuerdo?

Un importante psiquiatra decía la otra noche por la radio, y es por la noche cuando ha de escucharse a los psiquiatras como complemento de la almohada, que los hombres fingen amor cuando lo que buscan es sexo, y las mujeres fingen sexo cuando lo que buscan en realidad es amor, lo que coincide con el título del libro que cité antes; esto nos orienta algo, si bien vuelve a aparecer por el medio la palabra amor, dando su significado por supuesto. ¿Pero qué quiere decir en el contexto de la explicación del psiquiatra? ¿Que las  mujeres buscan ternura, protección a lo cavernícola, en fin todo menos sexo? Tampoco me lo creo. ¿Entonces qué ocurre? Pues que estamos ante un problema insoluble, como uno de esos objetos imposibles, como esos cepillos de dientes siameses enfrentados con los que es imposible cepillarse la dentadura.

Ah, y Balzac ya sabéis lo que decía, que el matrimonio es una carga tan pesada que para tirar de ella se necesitan al menos tres personas, con lo que nos metemos de lleno en el tema de los tríos. Vaya vaya, los tríos. Pero qué pasa, ¿es que el matrimonio es la muerte del amor?, ¿entonces por qué los novios se juran amor eterno?

           Y así sucesivamente. En resumen, y con todo mi respeto a esos poetas que cantan a no se sabe qué amor, yo me he permitido escribir para esta Antología un cuento grotesco en el que unos homosexuales gordísimos ligan en un supermercado golpeándose, para entrar en contacto, con los carritos para gordos que conducen. Un cuento que os recomiendo leáis que se titula “TRÍO DE GORDOS, REY DE LAS RATAS”. Este es mi punto de vista en un libro en el que hay otras muchas opiniones; y tampoco es mi punto de vista único, es mi punto de vista en este libro, porque estoy seguro de que muchas de las otras gentes que me habitan, como a todo el mundo, cambiarían de opinión según la fuerza del viento que soplara.

Pero he pretendido que este cuento fuese grotesco porque el amor o lo que entendemos usualmente por amor en esta civilización occidental es con frecuencia grotesco.

Pero para poder sobrevivir a lo grotesco lo he hecho también, o eso creo, considerablemente divertido, que es a mi juicio la única manera de sobreponernos a los disparates de esta vida que llaman inteligente. Porque es lo que solemos creer de nosotros mismos, que somos inteligentes. Pero y las hormigas, y vuelvo con ellas al reino animal, ¿no son acaso inteligentes?, ¿qué decir de esos grandes monumentos que construyen bajo tierra llamados hormigueros?, ¿acaso son inferiores a las ruinas de la destruida Palmira? No sé si entre los instintos de las hormigas está el del amor como nosotros lo entendemos, pero no me consta que esté el de la destrucción, y desde luego no se lanzan bombas nucleares, como ya hemos hecho nosotros. Ah, y en cuanto al Rey de las Ratas al que me refiero en mi cuento, es tan impresionante que mejor no lo busquéis en Internet, aunque yo lo recomiende. Estáis eximidos, pero mucho que me temo que os pierda la curiosidad.

Gracias, en fin, por escucharme, y gracias a los editores, a Basilio y a Antonino (al que deseo se recupere pronto de la reciente intervención quirúrgica que le ha impedido acompañarnos esta tarde), por haber contado de nuevo conmigo para esta nueva antología en unión de tan buenos autores.

Y aunque estamos todavía a lunes, aprovecho para desearos un BUEN FINDE.

 

Ramón Jiménez Pérez. Casa SEFARAD. 22 de mayo de 2017

viernes, 26 de mayo de 2017

OTRO CARTEL MEDIANTE EL QUE ANUNCIÓ LA PRESENTACIÓN DE MI OBRA LA BIBLIOTECA MARIO VARGAS LLOSA


FIRMA EN LA 76 FERIA DEL LIBRO DE MADRID

 
 
 
 
 
 
 
 
 
Me complace informaros de que el próximo lunes 29 de mayo, de 18:00 a 21:30 horas, firmaré ejemplares de mis libros Así me pierdo en las ciudades, El baile del emperatriz y Al fondo a la derecha en la caseta 281 del Grupo Editorial SIAL PIGMALIÓN, en el Parque de El Retiro de Madrid.